¿Por qué si hay infierno y cielo ya no hay un Edén?
Yo no quiero ni lo uno ni lo otro, quiero un principio contigo y más que un después, digamos algo así como un Paraíso en donde haya ríos para mojarnos, beber, refrescarnos y para vivir sin las sombras de los infiernos o de los a veces aburridos cielos.
Tú sabes que quiero una mañana contigo, un atardecer y también un anochecer; quiero una mirada, una sonrisa y no una lágrima que hable nuestro idioma sensorial sobre la despedida que deja la huella imborrable y la separación ineludible de un adiós.
Tú sabes qué es lo que quiero y aunque estés ecuánime, sabes que yo quiero transgredir tu pecho, sacarte ráfagas cuando me besas y olvidarme del pudor para saciarme en tus carnes desposeídas del vestir.
Tú sabes bien por qué te quiero y sabes que te quiero. ¿Cuánto te quiero? aún no lo sabes porque no cuantificarías las ausencias, los desvelos, la espera, ni los orgasmos que tengo por ti.
Y ahora te pregunto ¿por qué no hay un Edén para ti y para mí? Sí, un Edén para dos, en donde nos despojemos…Un paraíso en donde nos enjuagamos para no seguir bajo la niebla o bajo las sombras borrascosas de este infierno-cielo.
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