Muda, ciega y sorda
Surcarás la impaciencia en un llano harto de molinos, donde no se cabalga, ni se trepa, ni se corre porque hay arenas movedizas que despiertan moribundas ante la sombra de locuras.
Moverás tu alma con aletargados y suplicantes plegarias de imposibles que no redoblan a la espera, que no seden a los pliegos petitorios de una como yo, de una como yo que es sorda, muda y ciega ante ti.
Devastarás mis hojas en un sin perfume de pétalos incoloros antes de que llegue el amanecer, porque he dicho sí, a la funesta cotidianidad y seguiré sosegada ante el color del árbol, de sus hojas y de su sombra.
Recorrerás laderas y la corteza que no humearon ni tatuaron nunca tus líquidos para convertirme en la esclava voluntaria de su destino fatídico de mujer silente y doliente de una como yo.
Aturdirás la música que ya no sale del alma por estar en el lugar equivocado, en el tiempo incorrecto y en la morada inhabitable. Una como yo que dejó de escuchar los cantos de tu sonrisa y de tus labios cuya textura no recuerdo.
Enmudecerás ante mi ceguera, verás que se deja de espejear el retrovisor por no avanzar, que se deja de acelerar el latido en los sueños tejidos de un mundo que una como yo deja de soñar.
Atorarás y te atragantarás los posibles miedos de un final infeliz, aunque su final lo prescribí como una bruja maldita encarnecida en una cueva sin luz.
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